Reflexiones


Cada día muero, en cada cambio muero, cada vez que cambio un concepto sobre mí misma, muero. Muero al cambiar.

¿Para qué?

Para resurgir de nuevo, para vivir desde otra perspectiva, para sentir la vida en todo mi ser.

Todo es cambio, todo fluye y fluyo con todo, cambio con todo, nada es permanente, todo mi ser es impermanente.

Tengo presente la muerte en cada rincón. Sé que me acecha, me espía. Observa. Observa mi mente, mi ser. Observa cómo siento, cómo vivo. Observa mis miedos, mis valentías, mis inseguridades. Y… a veces se ríe, se ríe unas veces conmigo y otras de mí, de mis pequeñeces, de  mis absurdidades, de mis desconexiones.

Y vive, vive conmigo en cada respiración, en cada emoción, en cada vivencia, en cada paso que doy. A veces me alienta a vivir plenamente. Oigo su voz, me susurra: disfruta, disfruta de todo y de todos, ríe, baila, canta y llora. Siempre estaré contigo, soy tu compañera, te recordaré lo bello que es vivir. Te recordaré lo mil veces dicho “Sólo se vive una vez… por lo menos con este vestido”. Otras veces te mostraré mi cara, tan cercana que te daré miedo, pero aun así seré tu compañera, te llevaré de la mano, y te dormirás en mis brazos cada noche. Te llevaré de viaje y te regresaré cada mañana, sólo será una pequeña muerte, no temas. Me llevaré a alguien cercano a ti, en alguna ocasión. Y, entonces, te enfrentarás a mí, con dolor, y tristeza, y crecerá en ti la convicción de vivir más plenamente si cabe, de no dejar una gota en el vaso, de abrazar la vida y estrecharla en tu pecho tan fuerte que casi explote.

Sé que tiene razón, ella es más sabia que yo, más vieja. Ella sí es permanente. Ha cruzado todas las puertas, ha vivido todas las vidas, ha bebido de todas las fuentes. Ella somos todos. Creo que, si la siento con todas mis fuerzas a cada instante, aprenderé a no aferrarme, a no amargarme, a no preocuparme.

Ella me enseña a liberarme, de mí misma, de todo y de todos. ¿Cómo no amarla? No puedo permitirme olvidarla, ni quiero. De hecho, no sé porque la llaman Muerte, más bien es la Vida.

Muerte y Vida… no son las dos caras de la misma moneda, son la misma cosa. Son como el Yin y el Yang. Dos energías que bailan, juegan y crean, una no existe sin la otra y al revés. Forman el Tao.

Escúchala, vívela, siéntela. Algunas veces duele, otras te hace vibrar, otras te da ligereza. Y ¿cómo no? Otras no sabes qué hacer con ella…

 

Todos enfrentaremos la muerte, por lo que no debemos ignorarla. Ser realistas con respecto a nuestra mortalidad nos permite vivir una vida más plena y significativa. En lugar de morir con miedo, podemos morir felices porque habremos sacado el mayor provecho de nuestra vida.

Tenzin Gyatso – Décimocuarto Dalai Lama

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