Àvia Tereseta i Padrí Pep

A título personal – continuación 1


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Àvia Tereseta, àvia Pepita, Mireia

La muerte curiosa

Más tarde, unos 2 o 3 años después, yo tenía 5 años, mi bisabuela murió, de viejecita, la llamábamos l’àvia Tereseta. Todo el mundo le tenía un gran aprecio, cuando hablaban de ella siempre era con las mismas palabras: una mujer sabia, avanzada a  su época, etc. Una mujer de pueblo, de las que todo lo saben, alegre y dulce. Murió en casa, a su cama, como se hacía antes. Estoy hablando de los años 70 en un pequeño pueblo de Tarragona, Rodonyà, muy pequeño. Recuerdo que a los pequeños de la casa, yo era la grande, nos dijeron que se había muerto y que fuéramos a darle un beso de despedida. Ni me lo cuestioné, todo era natural, le di un beso en la mejilla, estaba como dormidita dentro de su cama.

Cuando se celebró la misa, mi padre me preguntó si quería ir al cementerio, al entierro, y yo, incansablemente curiosa, no me pude resistir. El cementerio de Rodonyà continúa siendo un cementerio pequeño, con sus cipreses acompañando a los muertos, un poco alejado del pueblo, cada vez menos. Cuando entras, te encuentras  una pequeña plaza rodeada de nichos en altura de atres y otras tumbas en el suelo en la zona central, como en todos los cementerios se respira aquella paz profunda que acompaña la muerte. Y si tienes suerte y el viento del Alt Camp te acompaña escuchas el canto de los cipreses.Recuerdo la imagen como si fuera ayer: para poder poner la caja de l’àvia Tereseta, primero rompieron la pared del nicho, retiraron la caja del padrí Pep, mi bisabuelo. Estaba medio abierta y recuerdo que vi el cuerpo con sus pantalones de pana y la faja y la boina y vestía una camisa de cuadros y no sé si un chaleco o eso ya es salsa infantil. La cuestión es que lo sacaron de la caja y metieron klos huesos al fondo del nicho para que el ataúd de la abuela pudiera entrar. Un poco surrealista. A los ojos despiertos a la curiosidad de una criatura era todo nuevo y sorpresivo, sin juicio.

No recuerdo haber quedado traumada, ni tener noches de miedo y pesadillas. El recuerdo es inocente y curioso, sin más. Tuve suerte, en casa siempre trataron este tema con naturalidad. Y siempre lo he tenido presente. Esto me ha ayudado a afrontar otras situaciones. A entender un poco la vida.

Los niños observan, aprenden de los mayores. Si los adultos lo viven con serenidad y se toman el tiempo y las palabras adecuadas para hablar con los pequeños, todo es natural. No hay que esconder una realidad, no hay que ahorrar nada, ni proteger en exceso. Hay que explicar la muerte, sin metáforas, sin apodos. Explicarlo desde la propia creencia sincera. Tienen más capacidad de comprensión de la que nos creemos. Muchos veces sólo hace falta preguntarles qué piensan ellos y dan respuestas sorpresivas, sí, pero llenas de sabidura infantil. Es un lástima que olvidemos lo que pensábamos cuando éramos pequeños. Todo sería más fácil.

¿Has tenido alguna experiencia similar? Si ha muerto alguien de la familia, ¿cómo lo has explicado a los pequeños de la casa?, o ¿cómo lo harías?

Mireia Miracle

El niño conoce el corazón del hombre.

Edgar Allan Poe

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